Trorodo

Bastidores, tensión de la tela y puntadas de bordado a mano

Trorodo es un cuaderno de taller sobre bordado manual. Aquí se explica qué sostiene la tela mientras se borda, cómo se reconoce una tensión correcta, en qué se diferencian el bordado contado y el libre, y qué hacer con la labor cuando la última puntada ya está dada.

  • Aros, bastidores rectos y tambores de pie
  • Tensión del tejido y deformaciones del hilo
  • Bordado contado y bordado libre
  • Punto plano, punto de tallo, nudos y relleno
  • Mouliné, lana e hilo metalizado
  • Paso del dibujo a la tela
  • Bordado en oro y trabajo con canutillo
  • Lavado, planchado y montaje
  • Guardado de materiales
Labor de bordado a mano sobre lino crudo con hojas en punto plano, flores en azul y nudos de relleno
Sobre un lino de trama visible conviven puntadas de relleno, tallos finos y nudos: casi cualquier motivo libre se construye con cuatro o cinco puntos bien ejecutados.

Qué sostiene la tela: aros, bastidores rectos y tambores de pie

Todo el trabajo empieza por el soporte. El aro de madera o de plástico es el más extendido porque es ligero, barato y cabe en cualquier cesta, pero solo tensa bien las piezas pequeñas: más allá de unos veinticinco centímetros el círculo interior cede y la tela empieza a moverse a cada puntada. Para labores grandes o de larga duración, el aro obliga además a recolocar la pieza, y cada recolocación marca el tejido.

El bastidor recto de listones resuelve ese problema de otra manera. La tela se cose por dos lados a una cinta fija y se tensa por los otros dos con hilo bramante, de modo que la urdimbre y la trama quedan estiradas en ángulo recto sin pinzar la superficie. Es el montaje habitual del bordado en oro y de cualquier trabajo que no deba aplastarse, porque nada presiona la zona bordada.

El tambor de pie o de mesa no es un tipo distinto de tensión, sino un modo de sujeción: libera las dos manos, una por encima y otra por debajo de la tela. Esa forma de bordar, con la aguja pasando de una mano a otra, es más rápida y da puntadas más regulares, aunque requiere unas cuantas horas de costumbre.

  • Aro pequeño: motivos sueltos, bordado libre, trabajo en movimiento.
  • Aro con tornillo y cinta enrollada en el aro interior: evita que la tela resbale en tejidos finos.
  • Bastidor recto: piezas grandes, bordado en oro, superficies con relieve.
  • Tambor de pie o de mesa: sesiones largas y trabajo a dos manos.

La tensión de la tela y cómo comprobarla

Una tela bien montada suena seca al darle un golpecito con el dedo y no forma arrugas al inclinarla hacia la luz. Esa tensión no es un capricho: con el tejido firme, la aguja entra y sale perpendicular, el hilo se asienta con la misma longitud en toda la fila y las puntadas mantienen su brillo. Con la tela floja, en cambio, cada puntada tira un poco del tejido y el conjunto acaba abombado.

Tampoco conviene el extremo contrario. Si el aro se aprieta hasta deformar la trama, al soltar la pieza el tejido recupera su forma y las puntadas quedan rizadas o sueltas. El objetivo es un tejido plano y estable, con los hilos rectos, no un tejido estirado.

Antes de empezar merece la pena dedicar un par de minutos a comprobar cuatro cosas sencillas:

  • Los hilos del tejido siguen rectos, paralelos a los bordes del aro o del bastidor.
  • La tela está igual de tensa en las cuatro direcciones, sin una zona más floja.
  • El margen alrededor del motivo es suficiente para montar la pieza después: cinco centímetros como mínimo por lado.
  • La tela se afloja al final de la sesión si se deja mucho tiempo en el aro, sobre todo en algodones y sedas finas.

En telas delicadas, forrar el aro interior con una cinta de algodón repartida en espiral reparte la presión y evita el cerco brillante que deja la madera desnuda. En bastidor recto, basta con revisar el bramante cada pocas horas: la tela cede con el uso y se vuelve a tensar en un momento.

Bordado contado y bordado libre: dos maneras de orientarse

En el bordado contado, el tejido manda. Se trabaja sobre lino o evenweave de trama regular, o sobre cañamazo, y cada puntada ocupa un número exacto de hilos: el dibujo no se traza, se cuenta. De ahí vienen el punto de cruz, el punto de estrella, los deshilados y buena parte del bordado tradicional de manteles y paños. La regularidad del resultado depende casi por completo de la regularidad del tejido, por eso se mide en hilos por centímetro antes de comprar la tela.

El bordado libre no cuenta hilos: sigue una línea dibujada. Admite prácticamente cualquier tejido con cuerpo suficiente —lino, algodón tupido, sarga, lana— y permite modelar formas, rellenos y degradados de color. Aquí la precisión no la da el tejido sino la mano: la longitud de la puntada, el ángulo y la tensión del hilo son decisiones de quien borda.

Las dos técnicas conviven sin problema en una misma pieza, y muchos bordados tradicionales combinan un fondo contado con motivos libres. Lo que cambia es la preparación: en el bordado contado se busca una tela de conteo cómodo y se localiza el centro; en el libre, se prepara el dibujo y se decide el orden de los rellenos.

Puntadas de base: plano, tallo, nudos y relleno

Un repertorio corto cubre la mayoría de los motivos. Conviene aprenderlo despacio, en una muestra de prueba, antes de llevarlo a una pieza definitiva.

Punto plano

Puntadas paralelas y contiguas que cubren una superficie de borde a borde. Su dificultad no está en la puntada sino en el contorno: los extremos deben caer exactamente en la línea del dibujo y el ángulo debe mantenerse constante en toda la forma. En superficies anchas es mejor dividir el motivo en zonas que alargar la puntada hasta que quede floja.

Punto de tallo

La puntada avanza y vuelve a medio camino, siempre sacando el hilo por el mismo lado de la línea. Así se forma un cordón continuo, ideal para contornos y tallos. Cambiar el lado por el que se saca el hilo a mitad de una curva es el error más frecuente: la línea se rompe visualmente aunque la puntada sea correcta.

Nudos

El hilo se enrolla dos o tres veces alrededor de la aguja y se sujeta junto al punto de salida. El nudo queda firme si se mantiene el hilo tirante con la mano libre mientras la aguja atraviesa la tela. Sirven para centros de flor, texturas y acentos sueltos; agrupados en distinta densidad crean sombreados sin cambiar de color.

Relleno de base

Antes de cubrir una forma con punto plano se bordan debajo unas puntadas de base, en el sentido contrario al del acabado. Ese relleno eleva ligeramente la superficie, disimula el tejido y hace que el punto final gane brillo y borde limpio. Es un paso invisible en la pieza terminada y, aun así, es el que más se nota cuando falta.

Bobinas de madera con hilos y cintas de colores junto a recortes de tela sobre una mesa de taller
Los hilos se separan por materia y grosor antes de empezar: es la forma más simple de no mezclar cabos ni perder el orden de los tonos.

Hilos: mouliné, lana e hilo metalizado

El mouliné de algodón es el hilo de uso general. Viene en madejas de seis cabos que se separan siempre antes de enhebrar, incluso cuando se van a usar los seis: al volver a juntarlos quedan paralelos y el punto plano gana uniformidad. Uno o dos cabos sirven para líneas finas y sombreados; tres o cuatro, para rellenos corrientes.

La lana de bordar trabaja de otra manera. Tiene cuerpo, cubre antes y perdona menos: se deshilacha si la hebra es larga o si pasa muchas veces por el mismo agujero, así que se corta corta —unos cuarenta centímetros— y se cambia a menudo. Va bien sobre lino grueso, sarga y tejidos de lana, y da un acabado mate que absorbe la luz en lugar de reflejarla.

El hilo metalizado exige paciencia. Es rígido, roza contra el ojo de la aguja y se desgasta a cada pasada, de modo que se usan hebras aún más cortas, agujas de ojo amplio y, cuando es posible, se tiende sobre la tela y se sujeta con puntadas de un hilo fino en vez de atravesarla una y otra vez.

  • Separar y volver a juntar los cabos del mouliné antes de enhebrar.
  • Hebra corta en lana e hilo metalizado; larga solo en algodón y para líneas continuas.
  • Aguja acorde al hilo: debe abrir paso sin forzar el tejido.
  • Guardar las etiquetas con el número de color mientras la labor esté en curso.

Pasar el dibujo a la tela

El método se elige según el tejido y el color, no por costumbre. En telas claras y finas basta con poner el dibujo debajo y calcar a contraluz, contra una ventana o sobre un cristal iluminado, con lápiz muy blando o rotulador soluble en agua. En telas oscuras o tupidas no hay transparencia posible y conviene otra vía.

  1. Calco a contraluz: rápido y preciso en lino claro, algodón y seda ligera.
  2. Papel de calco para tela: útil en tejidos lisos; la línea se borra con el roce, así que se borda pronto.
  3. Hilvanado sobre papel de seda: se dibuja en el papel, se hilvana el contorno a través de él y se retira el papel a tirones pequeños. Funciona en cualquier color y en tejidos con relieve.
  4. Picado y estarcido: el dibujo se pica con una aguja y se pasa polvo fino por los agujeros. Es el método clásico del bordado en oro y el más fiable en piezas grandes.

Con cualquier marcador conviene hacer una prueba en un retal del mismo tejido y comprobar que la línea desaparece del todo con agua fría antes de usarlo en la pieza. El calor fija muchas marcas de forma permanente: nunca se plancha una tela que todavía lleva trazos por eliminar.

Bordado en oro: hilo tendido y trabajo con canutillo

El bordado en oro no consiste en coser con oro, sino en sujetarlo. El hilo metálico se tiende sobre la superficie y se fija con pequeñas puntadas de seda o algodón fino que cruzan por encima a intervalos regulares; el hilo caro apenas atraviesa la tela y conserva todo su brillo. Las esquinas se giran sin cortar, y los extremos se pasan al revés con una aguja de ojo grande para rematarlos.

El canutillo es un alambre enrollado en espiral, hueco y quebradizo, que se corta a la medida exacta y se enhebra como si fuera una cuenta alargada. Trabajarlo pide una superficie limpia, unas tijeras reservadas solo para el metal —cortarlo estropea el filo— y una bandeja o paño de fieltro donde los trozos no rueden ni se pierdan. Cada pieza se mide sobre la propia forma antes de cortar: un canutillo corto deja ver la tela y uno largo se arquea y se rompe.

Casi todo este trabajo se hace en bastidor recto, con la tela bien tensa y, a menudo, con un fondo de relleno de algodón o fieltro que da volumen. El orden habitual es de dentro hacia fuera: primero los rellenos, después los tendidos y al final los remates, para no rozar lo ya terminado.

Lavado, secado y montaje de la labor terminada

Casi toda labor mejora con un lavado suave al acabar: desaparecen las marcas del dibujo, el roce de las manos y el cerco del aro, y el tejido recupera su caída. Se usa agua templada y un jabón neutro, se deja la pieza en remojo unos minutos y se aclara sin frotar ni retorcer. El agua se retira presionando entre dos toallas.

El secado se hace en plano, sobre una superficie seca, estirando la pieza con las manos hasta devolverle la forma. Cuando aún está algo húmeda se plancha por el revés, apoyada sobre una toalla doblada, para que las puntadas se hundan en el tejido blando y no se aplasten contra la tabla.

Antes de lavar conviene comprobar dos cosas: que los hilos no destiñen —una gota de agua en un cabo suelto lo aclara en un minuto— y que el trabajo no lleva metales ni canutillo, que no admiten inmersión y se limpian solo en seco, con cuidado.

Para el montaje, lo habitual es tensar la pieza sobre un cartón o bastidor de fondo, sujetando los márgenes por detrás con hilo cruzado de lado a lado. Ese sistema mantiene el tejido plano, es reversible y permite desmontar la labor más adelante sin dañarla, a diferencia de cualquier pegado.

Guardar hilos, telas y labores empezadas

Los materiales de bordado envejecen sobre todo por tres causas: luz, humedad y dobleces. Un armario cerrado, seco y a temperatura estable resuelve la mayor parte del problema sin necesidad de cajas especiales.

  • Los hilos, enrollados en cartones o bobinas con su número de color anotado; las madejas sin abrir conservan mejor el retorcido original.
  • Las telas, dobladas sin marcar siempre por el mismo pliegue, o enrolladas en un tubo si son piezas grandes.
  • Las labores terminadas, en plano y separadas con papel de seda neutro, nunca en bolsas de plástico cerradas.
  • Las labores en curso, fuera del aro entre sesiones largas para que no queden marcas permanentes.
  • Agujas y tijeras, secas y apartadas de la tela: una aguja olvidada sobre el lino deja óxido en pocas semanas.

Merece la pena anotar en una ficha sencilla la tela, el conteo de hilos, los números de color y el tipo de aguja de cada proyecto. Cuando una labor se retoma meses después, esa nota ahorra más tiempo que cualquier otro orden.

Qué se publica en Trorodo

Trorodo es un proyecto informativo y editorial. Todo el material está escrito desde la práctica del taller y se organiza en textos que se pueden leer seguidos o consultar por partes, sin vídeos, cursos ni compras.

  • Explicaciones de técnica: montaje de la tela, tensión, puntadas y sus variantes.
  • Notas sobre materiales: hilos, tejidos, agujas y su comportamiento real al bordar.
  • Procedimientos paso a paso para pasar dibujos, lavar, planchar y montar labores.
  • Vocabulario del oficio, con los nombres que se usan en España y sus equivalentes más comunes.
  • Listas de comprobación breves para revisar el trabajo antes y después de cada sesión.

No se publican opiniones sobre marcas ni recomendaciones de compra, y los textos no sustituyen la práctica: la única manera de ajustar la mano es bordar muestras y repetir.

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